Cuando hablamos de Diversidad Sexual, nos referimos al hecho de ser inclusivos en materia sexual, es decir, el hecho de poder hacer visible y al mismo tiempo aceptar y respetar la identidad sexual, el rol sexual, la preferencia sexual y las prácticas sexuales de cada persona, mientras dichas prácticas no lastimen a la propia persona ni a los involucrados.

En occidente y específicamente en nuestro país existe una heteronormatividad, por lo cual sigue siendo difícil hablar de una preferencia sexual distinta a la heterosexual; es por ello que un tema común a tratar en un espacio de terapia sexológica, es la homosexualidad y bisexualidad, las cuales son igual de validas que la preferencia heterosexual.

Así mismo, hablar de prácticas sexuales y formas de relación donde no prevalezca la monogamia, son cuestionadas. El objetivo de la terapia sexológica en estos casos es poder servir de orientación y guía en el proceso de conocimiento personal y toma de decisiones.

Homosexualidad: Capacidad para relacionarse tanto afectiva como eróticamente con personas del mismo sexo.

Heterosexualidad: Capacidad para relacionarse tanto afectiva como eróticamente con personas del sexo reproductivamente complementario o como se conoce comúnmente “sexo opuesto”.

Bisexualidad: Indistintamente o por momentos específicos las personas tienen la capacidad para relacionarse afectiva y/o eróticamente tanto con miembros de su propio sexo como con los del sexo reproductivamente complementario y esto puede ocurrir alternadamente o al mismo tiempo.

Transexualidad: Es una condición humana que se caracteriza por la discordancia entre el sexo biológico y la identidad sexual, es decir que no coinciden los aspectos somáticos o corporales con la percepción íntima de ser hombre o de ser mujer y puede presentarse desde el inicio de la infancia, durante la adolescencia o en la edad adulta.